“Mami… ¿Haití queda lejos?”
La escuela y el Medio ambiente:
¿Llenamos cuadernos o aprendemos desde la realidad?
No hubo posibilidad de no enterarse. Terremotos y tsunamis (dos vocablos adheridos en el último mes a nuestra boca como un caramelo inexpulsable) no sólo invadieron los noticieros, también irrumpieron en nuestra fantaseada invulnerabilidad de siglo XXI.
Sabíamos que los alumnos iban a llegar con esto al colegio. La pregunta en estos casos es qué hacer desde lo escolar. En todo momento como docentes, nos estamos preguntando por relevancias y prioridades, por sentidos. ¿Se justificaría hablar de ello cuando los chicos lo trajeran al aula? ¿Cuánto tiempo le destinaríamos a esa conversación? ¿Lo comentaríamos como una anécdota hasta percibir que decayera la atención y pudiésemos pasar a un “contenido escolar”? ¿Podríamos transformar lo sucedido en un aprendizaje relevante? ¿Deberíamos transformarlo en un aprendizaje relevante?
Hasta antes de Haití y Chile, un terremoto y un tsunami se podían dar en clase como definiciones largas que se copiaban en las carpetas, con un documental allá lejos en el caso de docentes “aventureros”. En estos días, la realidad y la televisión trajeron el agua casi a nuestros pies (junto a las inundaciones en Capital por lluvias).
Comenzamos a mirar a nuestro alrededor, preguntándonos qué sucedería si un terremoto nos sorprendiera en nuestro hábitat cotidiano. ¿De qué sirve enseñar Ciencias Naturales si no se habla de la relación entre el Hombre y la Naturaleza? ¿Cómo podríamos aportarles una “ciudadanía ambiental saludable” si no abordamos la responsabilidad política como variable: pobreza en la construcción de las casas por falta de trabajo y salarios miserables, hasta hospitales sin los insumos básicos de atención?
La educación hoy en día, también está siendo atravesada por algunos sismos, a algunos los dejan desconcertados, con sentimientos y discursos de pérdida por una “educación aparentemente mejor en el pasado” y a otros les ofrecen la oportunidad, como toda crisis, de poner en juego una respuesta creativa. En Haití y en Chile hubo gente saqueando las casas de sus vecinos, pero también hubo gente albergando en sus hogares y jardines, a todas las familias posibles.
Los “modos de conocer” de nuestros chicos de hoy, no son los que existieron hace veinte años atrás. ¿Tiene sentido en el contexto actual, hacerles copiar a los alumnos la definición de “terremoto” y sus posibles consecuencias? Aprender no es, escribir y escribir, acumular hojas y hojas como confirmación de que se ha “comprendido” un concepto. Ninguna hoja fue escrita hasta antes del 1 de Marzo, y todos los alumnos al llegar a las aulas, SABÍAN, lo que es un terremoto y un tsunami. El diseño curricular actual propone articular lo ambiental y lo tecnológico.
Agreguémosle lo político, desde una definición simple: la capacidad de los gobernantes para proveer la mejor calidad posible a todos los ciudadanos, sin terremotos y previendo terremotos. Comprender el medio ambiente y tratar de no destruirlo para mejorar nuestras vidas, no sólo es tirar los papeles a los cestos y firmar por mail adhesiones para defender a las ballenas, también es comprender los fenómenos de la naturaleza y analizar las respuestas organizadas y desorganizadas de los seres humanos frente a ellos
Para ello, dadas las circunstancias actuales, habría que replantearse la relevancia de seguir escribiendo “muchas hojas” como confirmación de lo aprendido… Los alumnos de Haití saben mejor que todos nosotros lo que son un terremoto y un tsunami, no creo que al día de hoy, alguno esté buscando su carpeta y su diccionario para completar la tarea escolar sobre su definición.
Lic. Claudia V. Sterman |